Watchmen (Primera Impresión)

Al hablar de un cómic tan importante como Watchmen sé que siempre me quedaré corto. Watchmen es de esos pocos cómics que lograns transcender de su condición y logran llegar al lector por medio de su guión, su montaje, su narración o su dibujo. Al igual que otras obras de Alan Moore (ese genio indiscutible que llegó a asombrarme con esa auténtica obra maestra titulada V de Vendetta), Watchmen no se basta con una sola lectura. A cada nueva lectura se descubren nuevos detalles y matices ocultos. Por desgracia, yo he tenido que leer el cómic por medio de la pantalla de mi ordenador, pero pienso alquilarlo en la biblioteca para que la experiencia sea más auténtica.
Alan Moore sabe escribir, de eso no cabe duda. Con el material que le den, sea de cualquier género, sabe cómo desarrollarlo. Aquí se le ofrece un comic de superhéroes, y él consigue marcar en la historia de este género un punto de inflexión muy importante, un punto al que otros autores como Frank Miller darían más profundidad. Moore consiguió darle al manido y antiguo género de superhéroes la humanidad que siempre deseó. En Watchmen nos encontramos una historia de héroes con capa, máscara e identodad secreta, pero que lloran, sufren, se manchan el traje, viven el día a día, echan de menos la aventura... Aquí los superhéroes gozan (o, mejor dicho, sufren) una personalidad tormentosa y traumática. En algunos casos algunos de ellos está completamente locos, pero incluso esa locura es cuestionada y nos hace pensar: "¿Son ellos los locos, o lo somos nosotros?". Independientemente de que llevar unas mallas y saltar por los tejados en pleno invierno no es muy cuerdo que digamos, cuestiones como ésta son juzgadas y razonadas. Temas tabú de los ochenta son tratados aquí sin complejos (y la obra generaría polémica allá en los 80). Decenas de istorias paralelas sin aparente sentido lógico se incluyen conectando con la historia de manera ejemplar. No hay héroes con poderes, todos ellos son humanos y, como tales, hacen de su inteligencia y su propia fuerza su poder. Incluso el único personaje con poderes, el Dr. Manhattan, el auténtico superhombre que ya no necesita creer en una entidad superior porque él es una, tiene aquí una humanidad envidiable y pasmosa. Es en esto donde Moore acierta de pleno y donde revolucionó el cómic en los ochenta: en otorgar personalidades complejas a cada personaje. Y, en esta ocasión, son muchos. Algunos son increíbles: Rorscharch, el personaje principal, es un asesino loco y despiadado del que no puedes encariñarte, pero que logar hipnotizarte. El Comediante es aberrante, pero su peso y su carisma son intachables. Búho Nocturno, Sally Júpiter, Ozymandias, el tendero, el chico que lee cómics de piratas... Todos tienen una personalidad única. Por desgracia, no nos encontramos ante un guión perfecto. La historia, ambientada en una América alternativa donde EEUU gana la guerra de Vietnam y Nixxon es presidente por tercera vez, donde la amenaza de la bomba atómica comunista siempre está presente, es apasionante. La narración es fluída y muy bien desarrollada. El montaje es sublime. Lamentablemente, el espacio es corto. Podría haber sido más larga, más desarrollada, más potente. 12 números no son suficientes. Una de cal y otra de arena.
El dibujo podría ser tachado de simple. Y sí, Dave Gibbons no se esforzó mucho que se diga. Pero logra tansmitir fuerza y pasión a través de las imágenes. Momentos como Ozymandias mirando su pantalla, Sally y el Búho en la piscina, Rorscharch en todas sus apariciones o las primeras páginas del último número son autñenticas maravillas. Y, cuando terminas, te das cuenta de que sin ese dibujo, que evoca tiempos clásicos, Watchmen no sería lo mismo.
Y termino el comic satisfecho, sabiendo que he leído una obra buenísima, pero que necesita que la lea de nuevo para poder apreciarla más. Y lo haré, todo a su tiempo...